




Salud y lesiones producidas por la inmersión
La inmersión en las profundidades marinas o la que se realiza con un aparato de respiración
subacuático autónomo (escafandra) puede causar problemas médicos tales como una embolia
de aire (aeroembolia) y trastornos por descompresión, los cuales pueden resultar mortales si
no son tratados inmediatamente. Estos problemas se producen debido a la alta presión que
existe bajo el agua y también pueden afectar a las personas que trabajan en túneles o cajones
neumáticos (cubículos cerrados para realizar trabajos de construcción bajo el agua) en los que
se usa aire comprimido.
La alta presión bajo el agua se debe al peso de ésta hasta la superficie, del mismo modo que
la presión barométrica (atmosférica) que afecta a la tierra es causada por el peso del aire que
se encuentra por encima. Bajo el agua, la presión suele medirse en unidades de profundidad
(pies o metros) o en atmósferas absolutas. La presión en atmósferas absolutas incluye el peso
del agua, que a 10 metros es de 1 atmósfera, más la presión atmosférica en la superficie, que
es también de 1 atmósfera. Por eso un buzo que se encuentra a una profundidad de 10 metros
está expuesto a una presión total de 2 atmósferas absolutas o, lo que es lo mismo, dos veces
la presión atmósferica de la superficie. Con cada 10 metros adicionales de profundidad, la
presión aumenta 1 atmósfera.
Efectos de la alta presión
Simultáneamente al aumento de la presión fuera del cuerpo, aumenta tambien la presión en la
sangre y en los tejidos corporales, pero no necesariamente en los espacios que contienen
aire, como los pulmones o las vías respiratorias. En las profundidades, la presión en los
pulmones y en las vías respiratorias se iguala automáticamente con la del exterior cuando se
cuenta con un suministro de aire, como en el caso de una persona que se sumerge con un
casco o una escafandra.
Los espacios de aire existentes dentro de una máscara facial o en el interior de unas gafas de
buceo también están sujetos a cambios de presión. La presión de las máscaras se iguala
gracias al aire que se expulsa por la nariz. Pero la presión de las gafas simples no se iguala; la
menor presión interna las hace actuar como ventosas de succión aplicadas a los ojos. La
diferencia de presión provoca que los vasos sanguíneos cercanos a la superficie de los ojos se
dilaten, pierdan líquido y, finalmente, revienten y pierdan sangre. Los buceadores toman
precauciones para evitar los efectos de semejantes diferencias de presión.
Dichas diferencias también afectan el oído medio. Si el conducto que conecta el oído medio y
la parte posterior de la garganta (trompa de Eustaquio) no se abre normalmente (es decir, si
los oídos no “crujen” al bostezar o tragar ), la presión en el oído medio resulta más baja que la
del oído externo. En estas circunstancias, el aumento de presión sobre el tímpano, que separa
el oído medio del externo, hace que éste protruya hacia dentro y, si la presión aumenta hasta
cierto punto, se puede romper, provocar un gran dolor y pérdida de la audición. La rotura del
tímpano suele curarse pero, a menudo, tras haberse producido una infección del oído medio.
Si el tímpano se rompe cuando el buzo se encuentra en aguas frías, la corriente que penetra
en el oído medio produce vértigo (un grave mareo con sensación de estar girando),
desorientación y náuseas. Como consecuencia de ello pueden aparecer vómitos, con el
consiguiente riesgo de ahogamiento. El vértigo disminuye a medida que el agua que ha
entrado en el oído alcanza la temperatura corporal.
Las diferencias de presión en el oído medio pueden afectar al oído interno (responsable de la
audición y del equilibrio). Esta presión desigual es la explicación del por qué en ocasiones los
buzos tienen vértigo (vértigo alternobárico) cuando comienzan a ascender. En raras ocasiones
se produce una rotura entre el oído interno y el oído medio, provocando una pérdida de fluido.
Una rotura de estas características puede necesitar reparación quirúrgica inmediata para
evitar efectos irreversibles.
El uso de tapones crea un espacio cerrado entre éste y el tímpano en el que la presión no
puede igualarse. Por lo tanto, no deben usarse tapones al bucear.
Las diferencias de presión causan efectos similares sobre los senos (sacos llenos de aire
localizados en los huesos que rodean la nariz) provocando dolor de cabeza y en la cara.
Cuando la congestión impide que la presión de los oídos y los senos se iguale, pueden usarse
los descongestivos para abrir temporalmente los conductos nasales obstruidos, las trompas de
Eustaquio y los senos. Sin embargo, si se realizan varias inmersiones sin que puedan
igualarse las presiones, suele producirse algún tipo de lesión.
Compresión y expansión del aire
Los cambios de volumen del aire dentro del cuerpo también pueden provocar problemas
médicos. A medida que aumenta la presión, el aire se comprime en un espacio menor (es
decir, disminuye su volumen). Por el contrario, cuando la presión disminuye, el aire se expande
(su volumen aumenta). Por ejemplo, cuando la presión se duplica (como cuando se bucea
desde la superficie hasta una profundidad de 10 m), el volumen de aire se reduce a la mitad, y
cuando la presión se reduce a la mitad (como al ascender desde una profundidad de 10 m), el
volumen de aire se duplica. Por ello, si un buzo llena sus pulmones con aire a una profundidad
de 10 m y asciende sin exhalar libremente, el volumen de aire se duplica, los pulmones se
expanden demasiado y puede producirse la muerte. Debido a ello, los buzos que cuenten con
un suministro de aire como, por ejemplo, una botella de oxígeno no deben contener la
respiración durante el ascenso. El aire inhalado a cierta profundidad (incluso a la profundidad
de una piscina) debe ser exhalado libremente durante el ascenso. Debido a que el aire se
comprime cuanto mayor es la presión, cada inhalación realizada en las profundidades contiene
muchas más moléculas que una hecha en la superficie. A 20 metros (3 atmósferas absolutas),
por ejemplo, cada inhalación contiene tres veces la cantidad de moléculas que una inhalación
hecha en la superficie y, en consecuencia, una botella de oxígeno se vacía tres veces más
rápido. Por consiguiente, cuanto más desciende el buzo, más rápidamente se termina su
reserva de aire.
Como el aire comprimido es más denso en las profundidades (contiene más moléculas) que el
aire de la superficie, se necesita un mayor esfuerzo para que se desplace por las vías
respiratorias del buzo y por los tubos del equipo de buceo. Por ello resulta más difícil respirar
en las profundidades. Algunas personas son incapaces de exhalar suficiente anhídrido
carbónico y ello hace que los niveles de éste aumenten en la sangre (lo que puede provocar
pérdidas transitorias de la visión y de la consciencia).
Los equipos de buceo que permiten volver a respirar varias veces el mismo aire mantienen el
suministro de gas y permiten que la persona permanezca más tiempo bajo el agua. Un ejemplo
de este tipo de equipos es un respirador de oxígeno de circuito cerrado, que proporciona
oxígeno fresco al buzo; el resto del gas vuelve a inhalarse. La cantidad de oxígeno fresco que
se necesita es de sólo 1/20 del total de aire respirado y no aumenta con la profundidad de la
inmersión, por lo que, para la mayoría de las inmersiones, es suficiente una menor cantidad de
gas. Una desventaja de los dispositivos de reinhalación es que la cantidad de anhídrido
carbónico que libera el buzo, que es casi igual a su consumo de oxígeno, debe ser absorbido
mediante compuestos químicos. Si no se produce su absorción o ésta resulta insuficiente,
aumenta la concentración de anhídrido carbónico del gas reinhalado. Un buzo que no se dé
cuenta de ello (por ejemplo, por un aumento de su respiración o bien porque le falte el aire)
puede perder la consciencia.
Los valores anormalmente altos de anhídrido carbónico (intoxicación por anhídrido carbónico)
pueden causar pérdidas transitorias de la visión y de la consciencia. Algunas personas
presentan una acumulación de anhídrido carbónico porque no aumentan su frecuencia
respiratoria adecuadamente durante el esfuerzo físico. Las altas concentraciones de anhídrido
carbónico aumentan la posibilidad de que se produzcan convulsiones secundarias a la
toxicidad del oxígeno e incrementan la gravedad de la narcosis del nitrógeno. Los buzos que
con frecuencia padecen dolores de cabeza después de una inmersión o que se enorgullecen
de utilizar poco aire pueden estar reteniendo anhídrido carbónico.
La inmersión puede complicarse debido a la falta de visibilidad, las corrientes de agua que
requieren un gran esfuerzo físico y el frío. En el agua rápidamente puede producirse
hipotermia (descenso de la temperatura corporal), lo que provoca torpeza y falta de
discernimiento. El agua fría puede alterar el ritmo cardíaco mortalmente en las personas
susceptibles. La intoxicación por anhídrido carbónico debido al aire contaminado puede causar
incapacidad e incluso la muerte. Los síntomas de dicha intoxicación son náuseas, dolor de
cabeza, debilidad, torpeza y alucinaciones. Los medicamentos, así como el abuso del alcohol u
otras drogas, también pueden tener efectos imprevistos en las profundidades.
Embolia de aire
La embolia de gas (aeroembolia) es la obstrucción de los vasos sanguíneos causada por la
presencia de burbujas en el flujo sanguíneo, generalmente producidas por la expansión del
aire retenido en los pulmones del buzo mientras disminuye la presión durante un ascenso.
En la aeroembolia, el aire retenido en los pulmones se expande y los hincha en exceso,
produciéndose un paso de aire hacia el flujo sanguíneo en forma de burbujas. Si éstas
obstruyen los vasos sanguíneos del cerebro, ocasionan daños similares a los que produce un
ataque cerebral grave, como una trombosis o una hemorragia. La aeroembolia es una
emergencia grave y una causa de muerte muy habitual entre los submarinistas.
La causa más frecuente de aeroembolia se produce al contener la respiración durante un
ascenso con botellas, lo cual casi siempre es consecuencia de que se ha agotado el aire en
las profundidades. A causa del pánico, el buzo puede olvidarse de exhalar libremente a medida
que se expande el aire de sus pulmones mientras asciende. La aeroembolia puede producirse
incluso en una piscina si la persona cuenta con una fuente externa de aire, inhala bajo el agua
y no exhala al subir a la superficie.
Síntomas
El síntoma más típico es la repentina pérdida de la consciencia, con o sin convulsiones. A
veces se producen síntomas menos graves, que pueden ir desde una confusión o una
agitación hasta una parálisis parcial.
Si los pulmones se inflan en exceso también puede suceder que el aire de su interior llegue a
los tejidos que rodean el corazón (enfisema mediastínico) o incluso bajo la piel (enfisema
subcutáneo). En ocasiones, los pulmones excesivamente cargados revientan, y liberan aire al
espacio que separa a los pulmones de la pared torácica (neumotórax). En consecuencia, los
pulmones se colapsan, produciendo ahogo y dolor de pecho. Los síntomas que indican que se
ha producido una lesión pulmonar pueden ser la expectoración de sangre o la salida de
espuma sanguinolenta por la boca
Tratamiento de urgencia
El buzo que pierde la consciencia durante un ascenso o muy poco después del mismo
probablemente padece aeroembolia y debe recibir tratamiento inmediato. Una víctima de
aeroembolia debe regresar rápidamente a un ambiente con alta presión, para que las burbujas
se compriman y se disuelvan en la sangre. Algunos centros médicos cuentan con cámaras de
alta presión (cámaras de recompresión o hiperbáricas) para este propósito. La persona debe
ser transportada hasta la cámara lo más rápido posible mientras se le suministra oxígeno a
través de una mascarilla facial bien ajustada. Volar, aunque sea a baja altura, reduce la
presión atmosférica y permite que las burbujas se expandan, pero el transporte aéreo sólo se
justifica si con él se gana suficiente tiempo en el traslado de la víctima a una cámara adecuada.
Enfermedad por descompresión
La enfermedad por descompresión (mal de la descompresión, aeroembolia, parálisis de los
buzos) ocurre cuando los gases disueltos en la sangre y los tejidos forman burbujas que
obstruyen el paso de la sangre produciendo dolor u otros síntomas.
Pueden formarse burbujas cuando una persona se mueve desde un ambiente de alta presión
a uno de baja presión, lo cual sucede al ascender de una inmersión.
Causas y prevención
Un buzo, o una persona que trabaja en un ambiente con aire comprimido, cuando respira,
recibe grandes cantidades de oxígeno, de nitrógeno y de otros gases. Como el oxígeno es
continuamente utilizado por el cuerpo, por lo general, no se acumula. Sin embargo, el
nitrógeno y otros gases se disuelven en la sangre y los tejidos y sí se acumulan. El único modo
de que sean eliminados del cuerpo es por los pulmones, adonde llegan a través del flujo
sanguíneo (es decir, por el camino contrario al utilizado para entrar) y este proceso lleva
tiempo. A medida que disminuye la presión exterior, lo cual sucede durante un ascenso tras
una inmersión, la presión en la sangre puede no ser suficiente para mantener disueltos los
gases y por ello, se forman burbujas.
El buzo puede evitar la formación de burbujas restringiendo la cantidad total de gas que
absorbe el cuerpo. Dicha cantidad puede reducirse limitando la profundidad y la duración de
las inmersiones hasta un punto en el que no sea necesario hacer paradas de descompresión
durante el ascenso (una modalidad que los buzos llaman límites sin paradas), o bien
ascendiendo con paradas de descompresión tal como se especifica en textos autorizados. En
estos textos se detalla un patrón de ascenso que, por lo general, permite que el exceso de
nitrógeno sea eliminado sin causar daño alguno.
La enfermedad por descompresión raramente se produce cuando los buzos realizan una
inmersión con límites sin paradas o respetan exactamente una tabla de descompresión. Sin
embargo, la percepción que tiene un buzo en cuanto a la profundidad, la duración y el tiempo
de descompresión de una inmersión no es demasiado precisa. Muchos buzos creen
erróneamente que las tablas de inmersión gozan de márgenes de seguridad y no las respetan
con la precisión que deberían. Las nuevas guías referidas a la velocidad de ascenso, los
límites sin paradas, las tablas y los ordenadores que llevan los buzos para calcular la
descompresión tienen un margen de seguridad mucho mayor, pero también pueden ser mal
utilizados. Como la seguridad de la mayoría de las tablas y de los ordenadores que calculan la
descompresión no ha sido totalmente comprobada en mujeres o en buzos de edad avanzada,
estas personas deberían ulitizarlos con gran precaución. Además de seguir las instrucciones
de ascenso que proporciona una tabla o un ordenador, muchos buzos hacen una parada de
seguridad de pocos minutos a 4,5 metros antes de llegar a la superficie.
Una sucesión de inmersiones puede producir la enfermedad por descompresión. Debido a que
después de cada inmersión queda un exceso de gas en el cuerpo, esa cantidad aumenta con
cada nueva inmersión. Si el intervalo entre las inmersiones es menor a 12 horas, los buzos
deberían seguir las instrucciones de las tablas para inmersiones continuadas de los textos
autorizados con el fin de controlar el exceso de gas.
Si se bucea en lugares situados a gran altitud, se deben tomar precauciones especiales, sobre
todo si es preciso volar después. Por ejemplo, tras varios días de inmersiones, se suele
recomendar pasar 24 horas en un lugar situado a nivel del mar antes de emprender un viaje
aéreo o ascender más.
Síntomas
El síntoma más común es el dolor, que suele recibir el nombre de “parálisis de los buzos”.
Habitualmente se produce en una articulación del brazo o de la pierna, o cerca de ella, aunque
por lo general resulta difícil determinarlo. El dolor también resulta difícil de describir (en
ocasiones se dice que es “profundo” o que da la sensación de que “algo está perforando el
hueso”). En otros casos, el dolor es agudo y su localización precisa. Al principio puede ser leve
o intermitente, pero poco a poco puede empeorar y volverse realmente intenso. En general, la
zona dolorida no duele al ser presionada, no está inflamada ni presenta dificultades de
movimiento.
Los síntomas neurológicos van desde una confusión leve a un funcionamiento cerebral
anormal. La médula espinal es especialmente vulnerable, y síntomas aparentemente menores,
como debilidad u hormigueo en un brazo o una pierna, pueden preceder a una parálisis
irreversible, a menos que el proceso se trate de inmediato con oxígeno y recompresión. El oído
interno puede resultar afectado, de tal forma que la persona experimenta un intenso vértigo.
Síntomas menos frecuentes son picores, erupción cutánea y fatiga aguda. La aparición de
manchas (marmoración) en la piel, un síntoma en general muy poco frecuente, puede preceder
o acompañar a graves trastornos que requieren recompresión. El dolor abdominal puede
deberse a la formación de burbujas en el abdomen, pero el dolor que envuelve al cuerpo a
modo de un cinturón (dolor de cintura) puede indicar una lesión en la médula espinal.
Los efectos tardíos del mal de la descompresión incluyen destrucción de tejido óseo
(osteonecrosis disbárica, necrosis ósea aséptica), especialmente en el hombro y la cadera,
provocando un persistente dolor y una grave discapacidad. Estas lesiones son mucho más
frecuentes entre quienes trabajan en ambientes con aire comprimido que entre los buzos,
probablemente porque la exposición de aquéllos a altas presiones son prolongadas y las
aeroembolias que sufren no siempre reciben tratamiento. Sólo una descompresión incorrecta
puede producir estas lesiones, que empeoran gradualmente con el paso de los meses y los
años. Cuando aparecen los síntomas, ya es tarde para tomar medidas preventivas.
Los problemas neurológicos permanentes, como una parálisis parcial, suelen deberse a un
tratamiento postergado o inadecuado de una afección de la médula ósea. Sin embargo, en
ciertos casos la lesión es tan grave que no puede ser corregida, incluso con un tratamiento
apropiado. Los tratamientos reiterados con oxígeno en una cámara de alta presión parecen
ayudar a algunas personas a recuperarse de las lesiones medulares. Una lesión de la médula
ósea espinal causada por descompresión tiene más posibilidades de recuperarse que la
misma lesión provocada por otros factores.
El mal de la descompresión respiratoria (sofocamiento) es un trastorno poco frecuente pero sin
embargo peligroso, causado por una gran obstrucción de los vasos sanguíneos pulmonares
por la formación de burbujas. En algunos casos, este trastorno se resuelve sin tratamiento,
pero también puede empeorar rápidamente hasta provocar un colapso circulatorio y la muerte,
a menos que se realice una recompresión de inmediato. Los primeros síntomas pueden ser
malestar en el pecho y tos al inspirar profundamente o al inhalar humo de cigarrillo.
Tratamiento
Cuando se produce una descompresión es necesario realizar una recompresión en una
cámara de alta presión, en la cual ésta se aumenta gradualmente con el fin de que las
burbujas formadas se compriman y se disuelvan. En consecuencia, se recupera el flujo normal
de sangre y el suministro de oxígeno a los tejidos afectados. Después de la recompresión, la
presión se reduce gradualmente, con pausas preestablecidas, para dar tiempo a que el exceso
de gases abandone el organismo sin causar daño alguno.
El traslado de la persona a una cámara adecuada es prioritario frente a cualquier otra medida
durante dicho traslado, o que pueda posponerse sin que ello suponga un riesgo para su vida.
El transporte no debería demorarse aunque los síntomas parezcan leves, porque pueden
surgir problemas más graves. Independientemente de la distancia a la que se encuentre la
cámara o el tiempo que se tarde en llegar a ella, la recompresión resultará muy probablemente
beneficiosa. Una recompresión innecesaria supone menos riesgo que cualquier medida que
pueda ponerse en práctica con la esperanza de que el problema remita sin recurrir a la
recompresión. Durante el traslado se le debe administrar oxígeno con una mascarilla bien
ajustada, líquidos en cantidad suficiente, registrando las entradas de los mismos, la cantidad
que se elimine, así como los signos vitales. Puede producirse un shock, en especial en casos
graves en los que el tratamiento se demora.
Cualquiera que sea el lugar donde realicen la inmersión, tanto los buzos como las unidades de
rescate y la policía de las zonas de buceo más frecuentadas deberían saber dónde se
encuentra la cámara de recompresión más cercana, conocer los medios para llegar a ella más
rápidamente y la fuente de consulta telefónica más apropiada.
Si no se presta atención inmediata ni se trata adecuadamente la aeroembolia o el mal de
descompresión, se corre un alto riesgo de que la persona afectada sufra lesiones graves y
permanentes.
Los buzos que sólo experimentan picores, erupción cutánea y gran fatiga, por lo general, no
necesitan recompresión, pero deberían permanecer bajo observación por si aparecen
síntomas más graves. Respirar oxígeno a fondo con una mascarilla ajustada puede aliviar los
síntomas.
Cuando el sofocamiento se produce a gran altitud, el hecho de descender a una altitud menor
no siempre resuelve el trastorno. Puede ser necesario realizar una recompresión urgente en
una cámara de alta presión.
Primeros auxilios para posibles heridas producidas durante la práctica del buceo
Picaduras de peces (pez piedra, pez león, pez escorpión)
Pueden producirse problemas respiratorios o espasmos musculares debido al veneno. Son
extremadamente dolorosas.
Tratamiento: Similar al de mordedura por una serpiente, succionar el veneno de la herida,
mojar con abundante agua muy caliente sin producir quemaduras en la piel durante un mínimo
de 45 minutos, realizar valoración sistemática del accidentado (soporte vital), tratamiento anti-
shock (mantener vías respiratorias abiertas y respiración adecuada, controlar pulso,
circulación y sangrado, mantener temperatura corporal, colocar el paciente en posición
relajada) y buscar atención médica inmediata.
Mordeduras de peces (morenas, tiburones, etc.)
Puede ocasionar sangrado severo, dolor y shock.
Tratamiento: Aplicar presión sobre la herida para limitar el sangrado (no utilizar torniquete a
menos que sea absolutamente necesario) utilizando a ser posibles guantes de protección y
aplicar presión directamente sobre la arteria, realizar valoración sistemática del accidentado
(soporte vital), tratamiento anti-shock (mantener vías respiratorias abiertas y respiración
adecuada, controlar pulso, circulación y sangrado, mantener temperatura corporal, colocar el
paciente en posición relajada) y buscar atención médica inmediata.
Heridas de rayas
Muy dolorosas transcurridos 5 minutos desde el contacto y pueden desaparecer después de 2
horas. Posible desvanecimiento y shock.
Tratamiento: Lavar cuidadosamente el área afectada con agua limpia. Eliminar cualquier
residuo de aguijón en la piel, mojar con abundante agua muy caliente sin producir quemaduras
en la piel durante un mínimo de 45 minutos ejerciendo presión sobre la herida, realizar
valoración sistemática del accidentado (soporte vital), tratamiento anti-shock (mantener vías
respiratorias abiertas y respiración adecuada, controlar pulso, circulación y sangrado,
mantener temperatura corporal, colocar el paciente en posición relajada) y buscar atención
médica inmediata.
Heridas de erizos
Sensación de quemadura, dolorosa cuando se toca o mueve. Algunas especies pueden
producir fuerte dolor, nauseas y trauma.
Tratamiento: Examinar área afectada y quitar restos de espinas con mucho cuidado para evitar
que se rompan y queden debajo de la piel, Aplicar amoniaco o vinagre. Si los síntomas
persisten buscar atención médica secundaria.
Heridas de caracolas de cono
Sensación de quemadura, pérdida del tacto, parálisis, problemas respiratorios serios,
posibilidad de entrar en estado de coma y fallo cardíaco.
Tratamiento: Similar al de las picaduras de picaduras de peces, realizar valoración sistemática
del accidentado (soporte vital), tratamiento anti-shock (mantener vías respiratorias abiertas y
respiración adecuada, controlar pulso, circulación y sangrado, mantener temperatura corporal,
colocar el paciente en posición relajada) y buscar atención médica inmediata. Realizar
reanimación cardio-pulmonar (RCP) en caso necesario.
Picaduras de medusa o coral de fuego
Sensación de quemadura, puede producir shock, vómitos, convulsiones, parálisis y muerte
dependiendo de la especie.
Tratamiento: Los tentáculos y nematocitos pueden continuar picando aunque se hayan
desprendido del animal. Evitar contacto directo con la piel utilizando guantes, tela, cartón,
papel o hojas para eliminar los restos de la zona afectada. Aplicar amoniaco, antihistamínicos o
cortisona en pomada. Buscar atención médica inmediata para casos de picadura severos
producidos por Sea-wasp o Man-o-war Portugués. Realizar valoración sistemática del
accidentado (soporte vital), tratamiento anti-shock (mantener vías respiratorias abiertas y
respiración adecuada, controlar pulso, circulación y sangrado, mantener temperatura corporal,
colocar el paciente en posición relajada). Realizar reanimación cardio-pulmonar (RCP) en caso
necesario.
También podéis visitar este apartado de nuestros amigos de Sensaciones sobre primeros
auxilios y la web Scuba Doctors- Diving Medicine Online.








